Sombra inerte de la muerte,
Apaga con furor la luz de mis ojos.
Que los cortes de mi piel,
Cesen el dolor y miseria de esta vida.
¡Oh! Dulce muerte,
Que el gozo,
De mi último aliento,
Sea el alivio de mi alma.
Que la noche eterna,
Sea el refugio de mis penas,
Y los lamentos de mi mente,
Los ahogue el silencio perpetuo.
No hay dios.
Solo muerte.
No hay condenación.
Solo libertad.
El pecado y condenación,
Carcomen nuestros cuerpos,
Inútilmente creyendo en salvación.
Ahora en la alegría de la muerte.
El verdadero sentido se hace claro.