Arrancas sin rumbo fijo por el diagonal. Mal dormido y desprolijo vas en busca de saciar la sed que determina que no hay que parar. La ciudad que te domina ya no te deja pensar en nada más… y un poco, sólo un poco más. Ya verás que no es tan fácil poder despegar. Cuando algo parece frágil, siempre es bueno desconfiar y no escuchar consejos, te harán sufrir más. Frente a frente en el espejo, solamente pensarás en nada más… y un poco, sólo un poco más. Nada más… y un paso más. Y en el abismo pronto caerás. Caerás en el abismo…