Locura, ¿por qué haré esto?
Eres la que me llama.
Furia, ¿por qué haces esto?
Sangre derramarás.
El sudor invade mis ojos,
la arena carcome mi piel,
el calor incita destrozo,
este enojo yo no odiaré.
Lágrimas cristalinas
recorren su tierna mejilla,
siempre tan fémina.
Oh, gran creador,
Oh, mi arquitecto
Oh, destructor!
el guardián de pasaje.
Alta gracia en el cielo,
perdido en bautizos
y ella sumida en el suelo
nosotros nos pudrimos.
Él, que me abraza,
corrompedor de sabiduría,
el hijo de la mañana,
aquel que me instruía.
Dominador de naciones,
llámame a actuar, ya:
Yo guardo todo rencor,
mándame a matar, ya.
Su voz, tenue, como viento
Su tono, suave, como agua
Su aliento, pútrido, como el norte
Sus ojos, negros, como los míos.