En el ahogo del encierro, el silencio intenta apagar el fuego. En la palidez de los muros, destello de luces frías, desprenden cadavéricas sombras. En las fracturas aún ajenas al control cultivamos la paciencia del cuchillo; ellos son el viento, nosotros la tempestad. Este filo contra tu carne, este filo contra mi carne. Ellos son el viento, nosotros la tempestad.